sábado, 29 de octubre de 2011
jueves, 27 de octubre de 2011
viernes, 21 de octubre de 2011
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Él se ha conectado. Abres su ventana de conversación, sonríes al ver su foto de perfil en pequeñito al lado de la barra de tareas. La abres, y la minimizas. No la quitas del todo, la dejas ahí, a la espera de ver ese circulo verde con un 1 en medio, señal de que esa persona te ha hablado. Esperas. Cambias tu estado, tu tablón lo actualizas cada 2 minutos, te etiquetas en 5 fotos, te unes a 10 páginas y empiezas a ponerle comentarios a todos sin razón, simplemente para que, cuando él le de a actualizar, te vea, vea que estás conectada. Tus visitas suben como la espuma, está claro que estás la primera. Continúas con estos cambios, abandonando a los demás que sí que tienen tiempo para hablarte. Cierras su ventana, indignada. Pero bajas la lista del chat hasta su nombre, observando si sigue ahí. Hasta que no puedes más y la vuelves a abrir, a la espera de si eso consigue algo. Nada. Los demás siguen hablando, impacientes. No respondes, no tienes ganas. Sólo lo esperas a él.
Son la 1 de la mañana, estás cansada, mañana madrugas, pero no te vas, porque él sigue conectado, y aún tienes la triste esperanza de que te hable. Entonces se te ocurre la estúpida idea de que quizás se lo ha dejado encendido y en realidad no está. Esa idea te acompaña el cuarto de hora siguiente, con 4 estados, 15 tablones, 30 páginas y 25 comentarios nuevos. Esa idea es lo único que te mantiene despierta.
Le das a actualizar la página, él aparece el primero. Ha cambiado el estado. Le ha comentado una zorra. Él ha respondido. Está. Está, hablando con otra. Está, pero no para ti. Entonces cambias radicalmente de pensamiento.
Son la 1 de la mañana, estás cansada, mañana madrugas, pero no te vas, porque él sigue conectado, y aún tienes la triste esperanza de que te hable. Entonces se te ocurre la estúpida idea de que quizás se lo ha dejado encendido y en realidad no está. Esa idea te acompaña el cuarto de hora siguiente, con 4 estados, 15 tablones, 30 páginas y 25 comentarios nuevos. Esa idea es lo único que te mantiene despierta.
Le das a actualizar la página, él aparece el primero. Ha cambiado el estado. Le ha comentado una zorra. Él ha respondido. Está. Está, hablando con otra. Está, pero no para ti. Entonces cambias radicalmente de pensamiento.
jueves, 20 de octubre de 2011
Desilusión
una vez más no soy correspondida, una vez más salgo perdiendo yo, una vez más me caigo y no puedo levantarme, una vez más lloro por quien no debería, una vez más me va a costar olvidar. Me costará olvidar tu dulce y sencilla mirada, tu piel suave y delicada como la seda, tus manos suaves y delgadas como una escultura perfecta, tos ojos marrones color chocolate negro en los que me pierdo, y esque no creo que lo consiga, no creo que consiga olvidarte, es algo imposible, es como si fueras un virus al que no se puede destruir porque no hay antivirus contra tus fuerzas, que con solamente una mirada haces que me entren esas mariposas en el estómago que me recorren todo el cuerpo en unas milésimas. Que eres esa canción que aunque la escuches mil veces nunca te cansarás de escucharla, eres esa persona que hace que me vuelva loca. y por todo eso, se que no conseguiré olvidarte
domingo, 2 de octubre de 2011
Una vez más
Otra vez, otravez caí en la misma trampa y de la misma manera, como una tonta, volví a caer en la trampa del ''amor'' y nose como salir, nose si decirselo, nose si callarme, no se si luchar, nose si rendirme, nose nada.
Otra vez volvía enamorarme, esta vez de unos ojos marrones, marrón oscuro pero precioso, de uan sonrisa perfecta, blanca y alineada, de una altura perfecta, de la edad adecuada y de un pelo en condiciones.
Él? Argentino, argentino de los pies a la cabeza; con ese acento tan acertado, con esa voz tan dulce, y esa piel tan suave. Nombre precioso pero que no voy a nombrar.
Otra vez volvía enamorarme, esta vez de unos ojos marrones, marrón oscuro pero precioso, de uan sonrisa perfecta, blanca y alineada, de una altura perfecta, de la edad adecuada y de un pelo en condiciones.
Él? Argentino, argentino de los pies a la cabeza; con ese acento tan acertado, con esa voz tan dulce, y esa piel tan suave. Nombre precioso pero que no voy a nombrar.
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